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Mortal Kombat

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Kiltro

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1.054 EDICIONES DESDE QUE EMPEZÓ A EDITAR
25 nov 2009
  • Vivo en Dominion
  • Nací el 18 de septiembre
  • Mi ocupación es Videojugador. A veces, escritor.
  • Soy Metalero
Kanalla

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Kombat Kard
Lugar So far from who I want to be so close...
Edad I have lived enought
Clan El Culto Negro
Apodo Kiltro
E-Mail preguntarme...
Raza Metalero
 
 
Esta guerra, MI guerra... Rebelión. Recién comienza.
 

 

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kiltro - RÍNDETE, renuncia a todo, y nadie podrá alcanzarte.:
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Contenido

EnemigosEditar sección

  • LiuKang7
  • Cryomancer7

De Mitos y RealidadesEditar sección


Mortal Kombat: BattleMode!Editar sección

Mortal Kombat: BattleMode!, originalmente Mortal Kombat: Crónicas, fue publicado por primera vez en Mayo 17 del 2009, y el último capítulo en Diciembre 13 de ese mismo año. Tuvo dos temporadas: Primer Duelo, de quince capítulos más uno extra; y Segundo Duelo, de solo cinco capítulos. Posteriormente, hubo una nueva publicación en la cual se seleccionaron los mejores capítulos de ambos Duelos, para dejar un Duelo de ocho capítulos más un extra, entre Diciembre 29 del 2009 y Marzo 23 del 2010.

Hace años, durante la época de los primeros juegos de Mortal Kombat ya se tenía la intención de crear una historia, cuyos borradores eran un resúmen de las bios y endings que estaban disponibles en ese entonces. Posteriormente, ya en serio, el autor creo su primer fan fiction como tal, un relato que abarcaría toda la historia iniciando desde la invasión de Outworld en Edenia. Parte de lo que fue este relato puede leerse en el capítulo Mentiras del Primer Duelo. Este proyecto fue abandonado por cuestiones de tiempo, y porque la información sobre el juego no era tan masiva como lo es ahora.

En Abril del 2009, con más recursos disponibles, el autor se planteó la posibilidad de recuperar los borradores para intentarlo de nuevo. Al mes siguiente, el primer capítulo fue publicado (como Mortal Kombat: Crónicas), con buenas críticas de parte de los lectores. Desde el sexto capítulo pasó a llamarse Mortal Kombat: BattleMode!, debido a la existencia de muchos otros fan fictions llamados crónicas y derivados de esta palabra. BattleMode es, en realidad, un ficticio modo para una idea de un juego de Mortal Kombat. El buen recibimiento alargó el Primer Duelo de diez a quince capítulos, más uno extra que fue un tributo o agradecimiento a los otros escritores que apoyaron este fan fiction. El Segundo Duelo fue más corto, formado por borradores nunca usados del Primer Duelo y otros relatos inéditos. Al no poder continuar publicando por motivos personales, se asumió que el Segundo Duelo había terminado.

Mortal Kombat: BattleMode! terminó de publicarse en Marzo del 2010, y hasta la fecha aún sigue recibiendo buenas críticas de aquellos que lo leen. Varias historias, incluso un Tercer Duelo, están todavía pendientes de ser publicados.

MENTIRAS

Imagina por un momento un hermoso reino, el más hermoso del que tus ojos puedan deleitarse. Edenia, mi hogar, refugio de tantas alegrías y perfecta infancia. Una verde pradera extendiéndose hasta más allá de tu vista, corriendo descalza sobre generosa primavera, y tras cada paso brotan las más delicadas flores avivando un colorido sendero, inalcanzable, LIBRE. Brazos extendidos agradeciendo el aire agradable que acaricia mi rostro, invitándome a escapar de mí… ¡si solo supieras lo que siento ahora!

Solo imagina…

Sin embargo, hay algo que no puedo entender, no estoy cansada. Miro alrededor y noto que estoy sola. Lentamente calmo mis pasos hasta detenerme. El viento se enfría sobrecogiendo mi tranquilidad, veo grises nubes ocultando mi cielo y la pradera moribunda deshaciéndose en cenizas. Nunca podré olvidar los aterradores gritos de mi pueblo ardiendo por la ambición de aquel maldito. Son los últimos recuerdos que tengo. A veces, ya no lo recuerdo bien. Memorias borrosas, casi inexistentes de aquello que alguna vez llamé hogar.

Entonces lo entendí: no estaba corriendo, estaba huyendo.

Todo eso se perdió. Imagina los ojos fijos de tu padre observándote, vacíos, inertes. Imagina sentir los pasos del asesino de tu familia acercándose para matarte. Y yo, asustada, mis ojos ahogados en el dolor, “no me dejes sola…”, queriendo creer que esto es tan solo la más terrible de mis pesadillas.

Sí, eso aún puedo recordarlo.

Ahora llevo a mi prisionera por el largo pasillo a su sentencia final. Debo sostenerla fuerte, aún después de perderlo todo, mi enemiga ofrece fuerte resistencia, sin importarle el costo de su rebeldía. Al caminar puedo escuchar a la muerte y su bullicio a través de los muros del palacio, el mismo que sentí cuando ese desgraciado Emperador entra con prepotencia junto a sus dos leales, el General y el Hechicero. A paso firme se acercan hacia el Salón del Trono, para dar el golpe final de ésta, su maldita guerra.

Por poco ella escapa. Rápidamente reacciono y la retengo en un corto forcejeo. A pesar de su amargura, la pena por su enorme pérdida, aún quiere revelarse. No debo distraerme. No sucederá otra vez.

Seguimos. Mientras nos acercamos, permanece en mi mente el instante en que mi padre cayó, derribado a traición por la espada del Emperador. Fue un golpe certero rematando una fiera batalla, la cual miraba aterrada junto a mi madre, ocultas contra rincón. El Emperador alza finalmente sus brazos en señal de victoria y ordena a su Hechicero que acabe a mi padre con un terrible castigo. Sin entender el propósito de su maldad, mi dolor me convenció de empuñar mis abanicos y jurar venganza.

Es curioso. Es como si fuera mi hermana, pero no lo es. Sus pensamientos son parte de mí, como si fueran mis propios recuerdos. Compartimos una vida sin haberla yo vivido. Pero no, no puedo distraerme en cuestionamientos inútiles. Debo llevar a mi prisionera a cumplir su condena. Falta un poco más hasta el final del pasillo. Volvemos a forcejear. Insiste, no se da por vencida, se niega a someterse, pero continuamos. Recuerdo vagamente que ya tuvimos un encuentro así. Corría ella desconsolada después de ver el alma de mi padre ser robada por el hechicero, después de ver a mi madre ser consumida por la locura y suicidarse. Fue cuando nos encontramos, ella llena de dolor y yo lista para capturarla.

Por fin llegamos al final del pasillo. Las rejas se abren y el Emperador celebra junto a sus leales. Aquí, la obligué a postrarse frente a ellos, cayendo ella pesadamente, derrotada. La Princesa sufre sin decir palabra, permanece sin levantar su rostro, oculto en un amargo llanto por la muerte de sus padres y la destrucción de su reino. Pronto, el Emperador se percata de mi presencia y me entrega su última orden.

-Buen trabajo, Mileena. Nosotros nos haremos cargo de la Princesa Kitana…

CAMPEÓN

…Y ahí estaban los dos, cansados, desgastados. El lugar parece lúgubre y casi desolado, el suelo de piedra se ve desquebrajado por potentes impactos, huellas de increíble kombate a muerte.

El guerrero estaba aún de pie, apenas, con su mano derecha tratando de aguantar el dolor en las costillas. Un suave viento frío parecía envolverlo, como si tratara de evitar su caída mientras forma remolinos de hojas secas alrededor. Impotente, pero cargado de ira, su ropa desgastada y su cuerpo adolorido acusan ser víctima de un frenético castigo, pero sigue de pie…aún de pie.

Frente a él, su rival. Aquel que a fuerza de golpes masivos lo arrastró al borde de la muerte. Pero tampoco lo ha tenido fácil, también ha enfrentado una férrea resistencia. Nada de discursos, ni sarcasmos, ni sentencias, ni amenazas, solo un CASI respetuoso silencio ante tan admirable adversario, tal vez esperando a ver su último movimiento.

Después de tantos años de entrenamiento, nada, nada puede prepararte para esto. Es cierto, es una probabilidad, pero nunca lo asumes: El fracaso. Es en este momento cuando el guerrero ve su vida pasar frente a sus ojos, ahora tan solo recuerdos. Y al verse tan desarmado, ahora, una escalofriante duda se estanca en su mente.

-“¿Realmente debo sacrificar mi vida por un mundo que nunca me lo va a agradecer? ¿Vale la pena el sacrificio a costa de mi vida?”

Puede parecer un momento de debilidad, pero es un momento razonable. Toda tu vida te entrenaron para defender valores, te prepararon para kombatir por un bien mayor, mientras, a tu pasan tus enemigos beneficiados y enriquecidos por sus engaños y unos cuantos más desperdiciando sus vidas sumidos en los vicios.

-“¿Es necesario salvarlos? ¿Realmente valdrá la pena, si sé que nunca cambiarán?”

Su mentor, el poderoso dios del trueno, por alguna razón creyó que este guerrero era el indicado… ¡Ja!, “poderoso”, tan poderoso que necesita de alguien más cumpla la tarea de proteger un mundo que EL debe defender. ¡Tan poderoso que aún ahora no puede intervenir y salvar a su elegido! Mudo testigo, de rostro inexpresivo, contempla la caída de aquel que debía salvar nuestro reino. Le ofreció inmortalidad, ¿pero a qué precio? Toda una vida preparándote para el gran torneo, pero nunca para enfrentar el final de tus días.

Han pasado largos años de aquel terrible día y yo, yo no olvido, Todavía duele recordarlo. Duele cuando te imaginas ese momento en que ese detestable hechicero le ordena a su bestia de cuatro brazos aplastarlo hasta que no le quede hueso entero o músculo sano. “¡TERMINALO!”, le ordenaba al shokan, para finalmente poseer su alma como trofeo de batalla, mientras que un desolado dios del trueno baja su mirada, abatido por el cruel final de su prodigio.

No es justo. Igual que él, seguimos su ejemplo, pero mis cuestionamientos no me dejan tranquilo. No importa todo lo que nos esforzamos, siempre habrá un mal mayor, más poderoso, dispuesto a atacarnos. Primero, el hechicero, ahora este emperador. Nunca sabremos que viene después. Supongo que eso no tiene importancia. Sólo sé que la muerte de mi antepasado no será en vano. Liu Kang ya se la cobró al hechicero, pero alguien más poderoso ha venido a desafiarnos.

Estoy ahora en esta arena de batalla, en un extraño reino que llaman Outworld. No sé si triunfaremos, pero estoy consciente que por lo que creas que valga la pena vivir, vale la pena pelear. Este shokan, este…Kintaro, va a caer. Pronto caerá también Shao Kahn. Y así todos los demás. Que corran mientras puedan, no importa si se esconden en las profundidades del Netherrealm, nunca estarán lo suficientemente lejos... DE MÍ. Seré su verdugo y temblarán ante mi nombre…

(El shaolín se eleva en un salto imponente por sobre la cabeza de Kintaro, para caer pesadamente con el puño firme en un ataque final)

-¡¡¡Yo soy KUNG LAO!!!

PRISION

¡Corre!

No te detengas, no mires hacia atrás, no caigas. Tu vida depende de eso. No importa lo que pase, apresúrate si quieres sobrevivir. No tendrás una segunda oportunidad.

La noche oculta tu presencia, la luna te muestra el camino y la lluvia borra tu rastro. CORRE, ellos te están cazando y pronto te alcanzarán. Sabes que nunca te dejarán ir, y la única forma que puedas escapar es morir.

El plan era simple: Sólo dos en la entrada y uno más a un par de metros. Todos venimos de la misma escuela, pero nosotros estábamos preparados. Practicamos algunos trucos nuevos. No podíamos fallar.

El invierno está de nuestro lado y nos adentramos velozmente en los bosques de Zhu Zin. Nos alejamos ya un buen tramo hasta detenernos en aquel lugar donde teníamos ocultas provisiones, algo de dinero y nuevas ropas para disfrazarnos. Nos separaríamos por un tiempo hasta que ellos nos den por muertos y desistan de buscarnos. Todo saldrá bien.

Pero nos descuidamos. No nos percatamos que alguien nos seguía. Contra el clima rebelde, el rival acecha entre las ramas de los árboles percibiendo nuestro calor, ocultando sus movimientos bajo el poderoso sonido de los truenos.

Nos alistamos para deshacernos de nuestras vestiduras y equiparnos, cuando el adversario desciende amenazante, se yergue frente a nosotros preparándose para el kombate.

No distinguimos su silueta, tampoco su rostro. Tiene algo diferente, pero la lluviosa noche no permite mayor nitidez. Nos miramos preocupados. Si volvíamos o si continuábamos, estábamos muertos. Difícil elección. Te entregué mi bolso y te dije que te fueras. No habrá otra oportunidad, por lo menos uno debe aprovechar ésta.

¡No dudes, vete! Ahora eres un renegado y debes pagar el precio de tu osadía. Dudoso, finalmente accedes y te pierdes en el espeso bosque. Creo que el plan era DEMASIADO simple.

El rival se acerca corriendo, listo para destruirme. Nunca lo vi antes, pero me aseguraré de que sea la última vez que lo vea con vida. Me preparo para recibirlo y lo evado, sin embargo, es rápido, se detiene en el acto y continúa siguiéndome. De hecho, me sorprende su rapidez. Lanza golpes y patadas velozmente y yo apenas logro esquivarlas, no puedo seguirle el ritmo. Es incluso más fuerte de lo normal, trato de bloquear pero retiro instantáneamente mis miembros por el dolor intenso de sus ataques. Este tipo no se cansa, comienzo a sentirme indefenso.

Solo me queda la alternativa.

Logro alejarme por un momento y recurro a mi técnica especial: Me concentro lo suficiente para desvanecerme y aparecer detrás de él, atacando con un fuerte golpe. Mala idea. No sé cómo, pero siguió mi movimiento y con una patada salgo disparado contra un árbol. Nunca me han pateado tan fuerte.

Escupo sangre y siento un terrible dolor. Levanto apenas la mirada y lo busco mientras reincorporo. Caigo sobre mi rodilla y con esfuerzo me pongo de pie. Miro y no lo encuentro. Entonces aparece de la nada y me manda con un uppercut a los cielos…literalmente.

En el aire, mientras unas brujas pasaban frente a ella, la luna finalmente revela al rival: Una armadura de metal negro de apariencia casi esquelética, con cables y mecanos sobresalientes. Mientras asumía su pose de batalla, alcancé a divisar en su diestra una extraña inscripción: LK 9T9.

Nuevamente me acosa con veloces ataques de pies y puños. El dolor no me permite reaccionar tan rápido como quiero, solo me defiendo como sea. No demora mucho en romper mi defensa, pierdo el equilibrio y me entrego a una caída libre.

Lo último que recuerdo es que él seguía golpeándome mientras caía y, al final, todo se volvió obscuro.

Recuerdo estar tendido en el suelo del bosque mientras llovía, cuando él se acercaba…Sé que me arrastró de vuelta...No puedo moverme… Lograba ver algunos experimentos fallidos…Una mano robótica, espaldas llenas de cables, ojos extraídos, una espina con su cerebro dentro de un frasco…Fierros por huesos y metal por piel. Y todo obscureció nuevamente.

Cuando logro despertar, ya no sentí dolor. Nunca más podría, de hecho, ni siquiera estaba seguro de seguir siendo yo.

Mi cuerpo es un ataúd y yo no estoy muerto. Estoy prisionero… soy su prisionero. Creo que todavía conservo mi alma, aún estoy vivo, pero he perdido mi voluntad obligándome a la obediencia absoluta e incuestionable. Han borrado mi identidad, soy otro. Solo mis recuerdos se han salvado. Recuerdos que ya no valen nada.

Solo alcanzo a escuchar al gran maestro dictando la sentencia contra mi camarada, Sub-Zero.

-Uno de nuestros guerreros ha desertado. Y por ese acto de traición, es ahora y para siempre un mortal enemigo del Lin Kuei. Será buscado y destruido. Uno de ustedes lo cazará. Uno de ustedes lo matará….Smoke.

¡FATALITY!
Inicio

Mortal Kombat. Dicen los antiguos que es mucho más que un simple torneo, una batalla a muerte de la que depende la misma realidad. Para mí, solo es una terrible maldición que condenó nuestra existencia. Para siempre.

Pero esta historia apenas cuenta de lo que fue mi vida, tampoco del torneo. La verdad cuenta de un notable guerrero, sobresaliente del resto, que vivió únicamente para alcanzar la perfección. Día tras día vivía obsesionado buscando la forma de ser invencible, buscando la forma de ser temido por sus adversarios.

Yo solo me limitaba a observarlo en silencio y trataba difícilmente de imitar sus movimientos. Era complicado seguirle el ritmo. Difícilmente lanzaba golpes al aire y pateaba invisibles enemigos intentando igualarlo en vano, pero a veces tenía la impresión de que sentía mi presencia y notaba mis esfuerzos sin percatarme.

Y entonces supe que estaba orgulloso de mí.

Nunca entendí que era lo que lo motivaba. Nunca lo sabré. Sin embargo, su extremada dedicación también llamó la atención de aquellos que lo rodeaban. Adversarios o potenciales discípulos, todos se atrevían a comprobar su talento y todos ellos cayeron ante su envidiable técnica. Aun así, para él no era suficiente. Quería más, realmente buscaba infundir miedo en sus rivales. Fue esta desquiciada obsesión lo que lo llevó a reclutarse en una extraña secta de obscuros guerreros. Tal vez entonces alcanzaría esa esquiva perfección que tanto anhelaba.

Desde ese día, nuestra vida cambió radicalmente. Ya no lo veíamos tan seguido. Incluso llegó a perderse días completos. Nunca quiso contarnos sobre sus acciones, aunque yo lo descubriría tiempo después. Estábamos preocupados y las discusiones se volvieron rutina. La desconfianza poco a poco se apropió de nuestras vidas y más se alejaba. A pesar de todo, tras cada regreso siempre encontraba ropa limpia y comida, techo y abrigo. Y antes de salir, se detenía unos segundos y se cuestionaba sobre sí mismo y su locura, pero su ambición podía más. Y se marchaba.

No hubo forma de cambiar su parecer y nuestra vida continuaba volviéndose complicada. Mientras tanto, el guerrero continuaba en su afán, y pronto capturó la atención de sus superiores. Cada misión que terminaba con éxito lo distanciaba de nosotros. Yo era un impotente testigo, limitándome a observar como aquella secta fomentaba los obscuros deseos del notable guerrero.

Nuestra vida empeoraba hacia un punto crítico y su sed de insana perfección pronto revelaría el verdadero costo que debía pagar. Un día, obscuros desconocidos armados amenazaron nuestro hogar. No sé cómo explicarlo, pero de inmediato supimos que estábamos en grave peligro y presurosos nos alistamos para salir a buscar refugio, antes de que ellos entrasen.

Fue inútil. Antes de llegar a la puerta trasera, ellos ya estaban entrando, mientras nosotros nos detuvimos de golpe. Cuando entró el último, levantó su brazo y nos señaló. Esa fue nuestra sentencia. Fue cuando nos atacaron.

... (Matanza) ...

No hubo discursos ni razones, sólo un terrible dolor al inicio y después…nada.

Tendidos, desangrados, inertes, miradas perdidas en rostros desfigurados por el pánico, nosotros pagamos el verdadero costo de tanta perfección. Al principio veía desesperadamente cómo me alejaba de mi cuerpo, atraído por una desconocida fuerza hacia el infinito. No era capaz de aferrarme a nada, traba de gritar en vano intentando sujetarme de mis restos abandonados a su suerte. No hubo caso, no podía detenerme.

Los desconocidos se marcharon hace rato, no sé, ya no tengo noción del tiempo. Lo último que alcancé a ver antes de abandonar lo que fue mi hogar en vida, fue al notable guerrero entrar desesperado y detenerse incrédulo ante macabro hallazgo. Poseído por los nervios, por la ira, lentamente levanta sus temblorosos brazos y sujeta su cabeza aterrado, cayendo pesadamente de rodillas.

Dolor, tantas y tan amargas sus lágrimas que sus gritos se escuchaban desde muy lejos y asustaban más que el filo quirúrgico de una katana.

Desde ese día, aquel notable guerrero fue obligado a vivir consumido por la locura. Desde ese día, el dolor se convirtió en ira. La ira, en PODER. Ya no se trata de alcanzar perfección.

Ahora, es personal.

¡FATALITY!
Final

“La caída. Es ese momento donde conoces lo incierto, y también el inevitable a la muerte. Vacío. Sin control sobre nada, ni siquiera de ti mismo, es esa curiosa sensación del tiempo deteniéndose, cayendo rápidamente a segundos de impactar contra el suelo. No hay vuelta atrás… intentas, en vano, desesperado, tratar de aferrarte al algo… pero desde el principio ya es demasiado tarde… sangre y huesos rotos… es el triunfo final de la muerte… contra tu enemigo”.

El enemigo cae y, finalmente, se azota contra el piso, así como el resto también cae alrededor, derrotados. Muertos. Medio segundo después, el notable guerrero vuelve al suelo, todavía sediento de muerte y lleno de ira. La ira es poder. Justo cuando los últimos enemigos terminan de caer. Ante él, huesos rotos, sangre, cuerpos inertes. Mientras, a varios pasos de distancia, un nuevo grupo de guerreros se acerca para cobrar revancha. Él desenvaina su acero y lo agita desafiante, con sarcástica agresividad, alzando contra ellos la mano contraria para invitar a sus enemigos a que traten de detenerlo… si es que sobreviven.

Así comenzó una frenética búsqueda del culpable. Un largo sendero de muerte, cuya ira apenas era contenida con cada muerte de aquellos pobres ilusos que trataban de detenerlo. El guerrero ahora asesino, se involucraba en cuanto kombate pudiese enfrentar, ya no buscando la muerte del rival, sino sentenciándolo a su destrucción final. Mutilar, desmembrar, degollar, desangrar, las posibilidades de su mente torcida eran infinitas.

Sin embargo, el recuerdo permanece imborrable frente a sus ojos. El hermetismo eliminó todo rastro de humanidad y de emociones. Ya no se esforzaba en entender el por qué, solo una única idea alcanzaba a ser retenida en lo que quedaba de su mente. La perfección ya no sería su meta, desde este momento, aquella idea se convirtió en toda la motivación que necesitaba…¡VENGANZA!

Más demonio que humano, pronto la desesperación lo alcanzaba al no encontrar a aquel que le había arrebatado su vida. Después muchas semanas sin comer, sin dormir, tratando de desahogarse con cada víctima, la depresión terminó por dominarlo y llevarlo al suicidio.

Asumiendo finalmente que ya nada podía hacer, ahora cazado por sus crímenes y temido por mundo que lo odia, el fin de su existencia se revelaba como la única salida.

-No tiene que terminar así, yo puedo darte lo que buscas.

El que alguna vez fue un notable guerrero, sorprendido, voltea hacia la extraña voz. Ante él, un obscuro desconocido oculto en su túnica, apenas alcanzaba a ver parte de su pálido rostro. El guerrero intentó reponerse en un último aliento y sus ojos volvieron a brillar. Caminando con lo poco que le quedaba de alma, de un paso a la vez, casi tropezando, logra finalmente postrado alcanzar a aquel extraño, suplicando saber la verdad, implorando recuperar lo que le fue arrebatado.

-Yo te revelaré el camino para encontrar a tu enemigo. Yo te guiaré a recuperar lo perdido. Solo debes cumplir una pequeña obligación… ¿Harías eso por mí?

Sin nada más que perder, el guerrero levanta su vista despacio hacia su nuevo salvador y acepta su palabra. Era su última oportunidad de reconstruir lo que le queda de vida, de redimir sus pecados. Por ahora, es lo único que lo aferra a permanecer entre los vivos. Por ahora.

No entendía realmente las razones de aquel extraño, pero en realidad, no era algo que importe. Él solo estaba consciente de que su único escape de la locura estaba en sus palabras. En pocos días recuperó sus fuerzas y se dispuso en marcha para conseguir su nuevo objetivo.

Acaba de entrar en aquel masivo templo en los Himalayas. Todavía recordaba su entrenamiento en aquella secta y no fue mayor problema pasar desapercibido. Solo fue cuestión de tiempo cumplir aquello que le fue encomendado.

Ahí estaba aquel curioso objetivo: un mapa. Todo por un mapa. No tenía claro cómo todo esto le devolvería aquello que tanto desea. Tal vez, deberá esperar un tiempo antes que el extraño cumpla su palabra. Y en aquel preciso momento en que casi alcanzaba el mapa, otro ninja ingresa al cuarto con el mismo propósito.

-¡¿BI HAN?! ¡Qué haces aquí!

Suele suceder en estos casos que nunca hay suficiente tiempo para resolver tus repentinos cuestionamientos, con que el kombate no se hizo esperar. Notables. Desde hace tiempo que el guerrero no encontraba a alguien que lo igualara. De hecho, todos aquellos que lo retaban, adversarios o potenciales discípulos caían ante su envidiable técnica. Pero esta vez es diferente. Este ninja sabía lo que hacía. El guerrero, entonces, comprendió que el extraño había cumplido su palabra diciendo la verdad. El mapa sólo era una excusa. Estaba frente a aquel que tanto había buscado, aquel que le arrebató todo en su vida. ¡Bi Han es el asesino!

Rápidos, certeros, letales. Llegó el momento de concluir el kombate. Sin pensarlo, el guerrero se prepara para terminar al molesto ninja con un golpe final, la misma técnica con la que masacró a todos aquellos cuando buscaba un culpable. Su técnica final para destruir a su enemigo, la sentencia definitiva…

Exceso de confianza. El guerrero peleó bien, pero el ninja venía preparado. Velozmente éste congela los pies del guerrero y lo detiene bruscamente, cayendo de rodillas contra el piso. Un grito de rabia se le escapa al caer, mientras mira incrédulo todo el hielo a su alrededor

Desesperado, el guerrero se percata finalmente que había fracasado. Trataba angustiado de liberarse de su fría prisión, mientras que el ninja se acercaba amenazante a dar el golpe final.

Dicen que toda la vida pasa frente a tus ojos cuando vas a morir. Es cierto, a mí también me ocurrió. Y ahora, veo que mi padre siente lo mismo. Sí, yo era aquel que lo imitaba cuando entrenaba, yo era aquel que dejaba la ventana entreabierta para que pudiese entrar a casa, yo era el que guardaba lo que sobraba de comida y le dejaba ropa para cuando volvía de sus misiones…era a nosotros, mi madre y yo, a quienes miraba por algunos segundos antes de partir a reunirse con sus camaradas del Shiray Ryu. Era a nosotros quienes tocó por última vez, nuestros cadáveres congelados que se trizaron frágil con solo la punta de sus dedos.

Y así, la vida de mi padre, Hanzo Hasashi, alias Takeda, llegaba a su fin. Su cabeza y su espina fueron reclamadas por Bi Han, tomó el mapa y huyó del templo con su misión cumplida. Y así fue como también Mortal Kombat destruyó nuestras vidas. A pesar que todo rastro de su existencia fue borrado, mi padre pronto se convirtió en leyenda. Sus batallas lograron trascender y su legado inspiró a las posteriores generaciones.

Desde entonces, cada kombate terminaría en una segura ejecución. Más allá de tomar la vida del oponente, aseguraría su destrucción, desatando los instintos más violentos de nuestro propio interior en una agresión final. Una revelación del insano salvajismo desde lo más obscuro del alma. Sin saberlo, mi padre ha dejado una profunda huella en el torneo. Sin saberlo, había inspirado la más temida de las técnicas de kombate de todos los tiempos. La sentencia definitiva...

¡¡¡FATALITY!!!


SOLEDAD

-He perdido todo. Mi hogar, mi vida, mi alma… a ti.

Estoy condenado, atrapado dentro de una obscura maldad que todo consume y me acosa hasta la locura. No puedo alcanzarte, ya no sé si existo. Di todo de mí cuanto pude por permanecer de pie, y no fue suficiente. Por el engaño fui derrotado y fracasé. Ahora sufro la impotencia de no acompañarte como siempre en cada batalla, implorando en mi interior que sea la última vez que debamos exponer nuestras vidas, que sea la última vez que algún Maligno amenace nuestra tranquilidad. Pero he fracasado. Sumido en una pesadilla, veo desolado a nuestros enemigos amenazar la paz por la que tanto hemos peleado, pero debes ser fuerte, debes despertar…

-No, no todo está perdido. Estoy aquí, mírame. Y como tú lo has dicho, libraremos la batalla una vez más. Es cierto, nuevamente incansables, nuestros enemigos apuestan por un nuevo engaño, pero estamos todos, aún de pie, tus viejos camaradas y tu mentor. Los Eder Gods están de nuestra parte.

Y ten por cierto, aquel día que supe que habías caído… no fui capaz de asumirlo. Mi alma se llenó de dolor y la tristeza invadió mi corazón, pero te he vuelto ha encontrar, todavía queda una esperanza. Así como tú, también me cansa tanta batalla, interminables enemigos, cada uno más poderoso que el anterior. No importa, estás aquí, y por ti es que tengo la fuerza que necesito para seguir adelante.

-No sabes lo que daría por estar contigo. No sabes todo lo que te extraño.

Yo aquí, impotente, viendo al mal acecharte. ¿Sabes?, estando aquí me invade la duda… ¿de verdad están los Elder Gods de nuestra parte? Hemos dado todo, exponiendo nuestras vidas, sacrificando nuestra existencia, anteponiendo la obligación antes que nuestros anhelos. Prisioneros de una responsabilidad que nunca elegimos. Tanto tiempo he tenido que esperar para estar tranquilos y hablar de ti, hablar de mí. Y cada vez que vencemos el mal, uno nuevo aún más temible trata de arrebatarnos nuestra libertad. Al principio era idealista, peleaba por el bien mayor y la satisfacción de preservarlo. Luego veía que nuestro esfuerzo se hacía vano; con cada victoria, ellos se hacían más fuertes. Todos los héroes están en el cementerio, como mi ancestro y tu padre. Desgastado, lo único que me motivaba a seguir eras tú. Has sufrido tanto, por ti fue que me armé de entereza y seguí adelante, pero debes despertar…

-No sientas duda. Ha sido difícil, lo sé. Pero has de saber que los valientes siempre mueren primero. No es un consuelo, solo debes entender que su sacrificio sí valió la pena, que gracias a ellos tenemos algo por lo que pelear. Es esa motivación la que me ha inspirado a seguir. Seremos libres, nos mantendremos de pie hasta el final. Y en esta o en la otra vida, obtendremos la tan ansiada libertad por la que hemos luchado durante tantos años, libertad que tantas veces nos han arrebatado. Estamos todos, ven conmigo, vine a buscarte para que estés a mi lado una vez más.

-Ten por cierto que cada vez que pienses en mí ahí estaré.

Hay tantas cosas que he querido decir desde que te conocí. Admiro tu coraje, nunca te has dejado dominar incluso contra todo mal pronóstico, estás ahí y das todo por alcanzar tus fines. Eres mi inspiración, me cautivaste desde el primer día. Sin embargo, nunca hablé, no quería que me vieras débil. Las emociones son una debilidad. Me esforzaba para estar a tu nivel y supieras que siempre podías contar conmigo. Sin dudas, sin miedo, siempre preparado.

No sé si puedas escucharme ahora, dudo que puedas, talvez estés librando alguna batalla igual como aquella vez que te conocí en Outworld. Aún así, aunque se me vaya lo que me queda de aliento de vida, desde donde esté mi espíritu te dará fuerzas para levantarte una vez más contra el enemigo. Pero ahora debo irme, ya no podré estar más junto a ti. Aunque no lo creas, me duele asumir que nunca superaré la enorme distancia que existe entre nosotros. Debes despertar…

-Yo también quiero confesarte algo, ¡ESPERA! No te vayas, quiero ser sincera. Bien sabes que mi vida no ha sido fácil. Estaba destruida y no podía contar con nadie. Me sentía sola. No sé por qué, pero tú creíste en mí y diste todo por ayudarme. Y algo ocurrió. Mi corazón latió nuevamente gracias a ti como hace tiempo que no lo hacía. Me llenaste de vida otra vez y volví a creer. No sabes lo importante que has sido para mí, has sido un respiro. Por fuera he tenido que ser fuerte, rígida… pero por dentro, solo soy una niña dolida por el resentimiento,llena de rencor, en busca de esa vida que tan temprano me arrancaron. Toma mis manos, hay algo que debes saber…

-Kitana…

-Espera, quiero desahogarme antes de que no haya otra oportunidad. No te vayas, te imploro de rodillas…

-Kitana…

-Tienes que saber la verdad, antes que no pueda decirlo jamás. Debes saber lo que siento por ti, yo te…

-¡KITANA!

La potente voz del dios del trueno resonó como rayo surcando el cielo. La princesa de Edenia reacciona súbitamente, saliendo de golpe del trance del cual estaba tan introvertida y rápido se pone de pie. Ella mira a su alrededor y se percata de dónde estaba, despertando en la terrible realidad.

El silencio cubre el lugar. El suelo está humedecido como si hubiese llovido y los árboles recortan la luz de un sol recién levantándose. Desde el pasto brotan sutilmente cortinas de vapor con inquietante tranquilidad, mientras que una suave corriente de aire lo convierte en delicada brizna.

Una imponente edificación se alza ante su vista, conteniendo una gran llama que nunca se apaga, simbolizando su inagotable lucha contra el mal. Y en el fondo, medallones de oro mostrando las cuatro victorias consecutivas en Mortal Kombat.

Frente a ella, la Tumba de Liu Kang.

Kitana contiene su pena, bajo la atenta e impenetrable mirada de Raiden. Sin dejar de mirar la flama, deja caer una solitaria lágrima en memoria del héroe caído, y pronto cubre su rostro con la máscara y sigue al dios del trueno para prepararse contra la nueva amenaza, la Alianza Mortal.

No puede mostrar debilidad. Así es el camino del guerrero. Solitario, amargo. No hay lugar para las emociones.

-Adios, Liu Kang…

-Adios…Kitana.

(Para Lenia...)

ORÍGENES

Todos estaban reunidos en el amplio patio de entrenamiento, inmutables testigos de nuestra lucha. Solo los gritos y la agitada respiración de nuestros ataques se atrevían a interrumpir la seriedad del silencio. Y en el alto puesto, el Gran Maestro y su escolta observaban con detenimiento el desempeño. Esta noche, a tan temprana edad, nos convertimos en hombres a fuerza de golpes. No conozco a mi rival, casi ni hablamos, solo sé que desde que tengo memoria es y será mi única familia, y por esta noche, la prueba para demostrar mi valía.

Cabezas rapadas, vestidos únicamente con un negro y algo gastado pantalón, en nuestras espaldas desnudas cicatrizaba el castigo a la debilidad y a los errores. Latigazos que nos recuerdan nuestro verdadero propósito: ser más que un asesino, ser más que un ninja, ser un Lin Kuei. En el cuerpo sangre, suciedad y sudor. Cada golpe nos endurecía y rabia ahogamos todo lamento. Ninguno quería ceder, sabiendo que la ira de nuestros maestros es más terrible que la furia del enemigo.

Por momentos sentí la insistente presión de la mirada de mis maestros, y creo que mi rival también. Tan concentrados estamos en destruirnos el uno contra el otro, al tal punto que toda realidad se distorsiona y pierde sentido, quedando reducida a la única idea de matar… o sobrevivir. Yo había perdido toda noción de tiempo y entorno, la batalla se había alargado más de lo necesario. Durante algunos instantes, mi mente me traicionaba y nublaba mi visión, volviendo todo algo borroso, casi como un sueño. La imagen de mi enemigo iba y venía, intermitente, pero ya pasó. Una patada con giro en el aire de mi rival pronto me volvería a la estabilidad.

Dimos todo y lo dejamos en la arena, en cuyo centro permanece grabado el emblema de nuestro clan. Luego de un rato, el cansancio de tanto ejercicio terminaba por opacar toda técnica y nos forzaba a la brutalidad de golpes inciertos. A toda costa lo obligaba a ceder, buscaba romper algún hueso, lastimar algún músculo, todo lo que pudiese inmovilizarlo y consumar mi victoria.

Entre tanto forcejeo puede sujetar su cabeza y su cuello, justo en la nuca, y ejercer presión. Al sentirse asfixiado, me daba desesperados manotazos, mientras trataba de sacudirlo para obligarlo a perder estabilidad y caer. Sin darse por vencido, aguantó firme un momento, cuando logró afirmarse de mis hombros y me devolvió dos rodillazos certeros en mis costillas. Me obligó a soltarlo, retrocedí dos pasos, y él, reuniendo toda la fuerza que le quedaba, me remató de un fuerte y directo golpe en el rostro.

No creí que fuera así de fuerte, aunque ahora puedo comprobarlo. No era un rival cualquiera. Se hablaba mucho sobre él y lo que era capaz de hacer, todo un prodigio. Yo no quería aceptarlo, por lo menos no hasta enfrentarlo en batalla.

Hice lo posible por no caer. Mis piernas casi no respondían, pero las obligué a permanecer firmes. Cuando al fin puede levantar la mirada, mi rival se erguía amenazante, se esforzaba en contener su agotamiento mostrándose aún firme, casi imponente. Apretando sus dientes, empuñando sus manos, tensa su cuerpo mientras sus ojos se nublan y de sus manos comienzan a surgir finas estelas de vapor que rodeaban sutilmente sus brazos. Cubriéndolos con una delgada escarcha.

Pronto noté que mi vista, nuevamente, se volvía borrosa. ¡No otra vez! Las imágenes van y vienen. Creo que su último golpe logró confundirme por completo, casi todo perdía claridad. Traté de buscar a mi enemigo y lo encontré, pero ya no era el mismo. Parecía un guerrero nuevo, un ninja. No podía concentrarme, estaba inmóvil y mi cuerpo ya no respondía, pero no sentía dolor ni tampoco cansancio. Mientras, el ninja mortal se acercaba amenazante, había algo familiar en él, aunque no puedo recordarlo… la imagen se vuelve inestable… sistema no responde… poder auxiliar desconectado… error macro… señal perdida…

… (Pantalla negra)…

LK4D4 ver. 2.01. Reiniciando sistema… LISTO Indexando directivas: Directiva uno: Servir y obedecer al Lin Kuei… BORRADO Directiva dos: Encontrar y destruir enemigo. Blanco: Sub-Zero…. CORREGIDO. Directiva nueva: Encontrar y destruir enemigo Blanco: Shao Kahn… COMPLETADO. Directiva tres: Esperar nuevas instrucciones… EJECUTANDO. (Presione cualquier tecla para continuar) Conectando con el servidor… … Sin señal. Modo de espera activado. Esperando instrucciones…

FIN DE LA TRANSMISION.

MISIÓN

Nadie pudo creer lo que pasó esa tarde. De alguna manera, sabíamos que ese momento sería decisivo, pero nunca nos imaginamos que sería de esa forma.

Yo siempre la he admirado. Su valor, temperamento, coraje. Contra todo pronóstico fue una de las mejores durante nuestro período de instrucción. Como teniente, la he acompañado y apoyado en cada misión. La respeto. No fue sorpresa que nuevamente nos seleccionaran. Tal vez era inevitable. Aún así temía que está vez nos enfrentábamos a un reto mayor.

Dejo de mirarla para que no se incomode. Vamos todos en silencio dentro del vehículo. Se ve muy rígida, inmutable, pero se percata que la he observado y me regala una mirada tranquila. Creo que entiende mi preocupación.

Nos aproximamos a nuestro objetivo. El Dragón Negro se ha convertido en un dolor de cabeza. Nosotros seremos la cura. Han sido meses de seguimiento, muchos han muerto cumpliendo su deber. Hoy les devolveremos su sacrificio.

Llegamos y comenzamos a alistarnos. Bajamos del vehículo, revisamos las armas, comprobamos el equipo y tomamos posiciones. Como siempre, ella se tomó muy en serio su trabajo. Siempre dedicada. Tal vez por eso, antes de partir, mi superior se acercó a mí para darme esa última orden. Una misión especial. Me aseguraré de cumplirla a toda costa.

Nos aventuramos a entrar en los dominios del Dragón Negro. Tal como esperábamos, tenemos un comité de bienvenida fuertemente armado, pero ella no se intimidó ni por un instante. Siempre resuelta, con determinación, esperó el momento preciso. El cambio de guardia sería el momento preciso para entrar. La noche nos proveería cierta protección.

Procedimos. Fue un extenso tiroteo. Afortunadamente ninguno de los nuestros cayó. A fuerza de granadas abrimos nuestra entrada a través de los muros de la fortificación. Rápidamente comenzamos la búsqueda de nuestro objetivo, los principales miembros del Dragón Negro deben estar ocultos en algún lugar. Lo presiento.

Entonces algo me distrajo por un segundo. Algo me llamó poderosamente la atención. Ese extraño anciano asiático, de apariencia fantasmal, entrando en aquella puerta…cuando por poco logro esquivar una pared derribada por una explosión. Unos cuantos pedazos caen sobre mí y pierdo la consciencia por unos instantes.

Llegan a mi mente, intermitentes, las imágenes previas a nuestra partida. Se ven algo borrosas, pero recuerdo a mi superior llamarme a un lado para ordenarme mi verdadera misión. A lo lejos siento disparos, gritos, voces. Pronto vuelvo a reaccionar y despierto entre una espesa nube de polvo. Como puedo me libero de los pedazos de muro que me tienen prisionero y con dificultad trato de reponerme para ubicarla.

Veo a un agonizante compañero, quien alcanza a señalarme las escaleras. Es inútil ya darle las gracias. Con toda mi rabia juré vengarlo. Hago caso omiso al dolor de mis piernas y subo lo más rápido que puedo. Preparo mi arma apresurado, temiendo llegar tarde, temiendo haber fracasado.

Al llegar, veo a mi compañera kombatiendo contra uno de los que buscábamos. Estaba armado con dos cuchillas de hoja amplia y dentada. Ella logra mantenerlo a distancia, pero se le nota algo cansada. Su rival pronto se percata que ella está comenzando a ceder y se le acerca amenazante, pero entonces lo mantengo a distancia disparándole un par de ráfagas de balas a sus pies, mientras que le avisaba a mi compañera que se ubicara a resguardo tras de mí.

En un segundo, ella puso su mano sobre mi hombro y con una ligera sonrisa agradeció mi intervención. Creo que nunca había estado tan contenta de verme. Pero no hay tiempo. Sólo un segundo. No aclazo a reaccionar cuando nuestro enemigo se abalanzaba sobre nosotros con sus enormes navajas, listo para rebanarnos. Alcanzo apenas a defenderme con mi arma, la que quedó inmediatamente destruida.

Yo caigo hacia atrás, pero mi compañera reacciona velozmente, esquivando los casi certeros cortes, momento que ella aprovecha para desarmarlo y en un desahogo de rabia termina rematándolo con un fuerte ataque a la izquierda de su cabeza, arrancándole el ojo de un solo golpe.

Él cae. Yo apenas puedo reincorporarme y quedo de rodillas por el cansancio y dolor. Ella me trata de levantar, y se dio cuenta que era primera vez que estaba tan contento de verla.

En ese instante, entre el desorden y el humo, se levanta la peligrosa silueta de nuestro rival con su rostro ensangrentado por el anterior ataque. Apenas podía distinguirse lo que quedaba de su ojo. Ella solo se esfuerza en ayudarme, sin percatarse de la proximidad del enemigo. Alcanzo a distinguirlo sobre su hombro, alistándose para atacarnos.

Él se abalanza furioso sobre ella. Alcanza a recuperar una de sus navajas e intenta apuñalarla por la espalda. En un segundo me interpongo en su camino y recibo la fatal estocada, directa al corazón.El tiempo extrañamente se detuvo. Mi sangre parecía flotar frente al aterrado rostro de mi impotente compañera. No sé por qué vinieron a mi mente las últimas órdenes de mi superior, el mayor Jackson Briggs:

-Recuerda, debes cuidar de la teniente Blade. Es un poco terca, pero necesita que la apoyen. Solo en ti puedo confiar.

Alcanzo a ver como Kano aún sangra de su herida en la cabeza, siendo asistido en su huída por Jarek. Sonya está a salvo ahora.

He cumplido mi misión.

(Cuando todos se han ido, Un extraño anciano de apariencia fantasmal extrae el alma del oficial caído...)

VERSUS

La espada corta fino el aire, alargándose hasta encontrar su objetivo. Apenas el rival logra evitar el ataque del peligroso filo, plasmando un obscuro hilo de sangre estático en el aire, como flotando, sin querer diluirse aún. Negándose a morir. Los guerreros cruzan miradas amenazantes. Ni el tiempo ni el aire se atreven a cruzarse en su camino. Solo son ellos: la espada y su rival.

El suelo es tapizado por incontables hojas de un verde nítido, que caen eternas y sin prisa desde los troncos negros de los árboles inmutables, mientras que se escuchan gritos de almas perdidas escabulléndose entre ellos. Es como si el bosque estuviese vivo. La dinámica del kombate pronto recupera la velocidad. La espada alcanza a dar un par de ataques antes de que terminen de distanciarse. El rival retrocede a sitio seguro y las hojas del piso se vuelven inquietas al reaccionar a su llegada. La espada, a pasos de él, también se detiene por un respiro. Ha sido un ejercicio extenso sin conclusión. Y por un escaso momento se detienen, se analizan. Esperan.

-“Es inútil. Sabe anticipar todos mis ataques, es como si me estuviera leyendo. Entonces debe ser él, su técnica lo delata, su seguridad lo confirma. Por un momento llegué a pensar que estaba buscando fantasmas…creo que es él. Debe ser él”

-“Has venido preparado. Y yo que pensé que solo eras un eco de mi pasado, una memoria olvidada que busca renacer. Eso no será posible. No lo permitiré. Mucho tiempo fui como tú, un esclavo, sirviente de la voluntad de otros a quienes regalaba mi talento y sacrificaba mi vida sin cuestionar. No…ahora soy LIBRE. Mi pasado está muerto, y tú morirás con él”.

El escaso momento expiró. La espada se abalanza veloz contra el enemigo, mientras que las hojas se apartan alzándose a su paso. El rival no le pierde pista. Atento se prepara para anticipar el ataque. Espera el momento que se acerque lo suficiente y reacciona, también corre veloz buscando el encuentro.

Notables. La espada lo busca sin cesar. El rival esquiva certero los cortes, pero no contraataca. Espera. Con rápidos movimientos de manos, desvía los ataques y distrae al enemigo. La espada no se detiene en su afán. Cada vez más veloz, no se deja convencer por el escurridizo rival. Por varios minutos, la soledad del bosque es testigo silencioso de un enfrentamiento sin igual, La agilidad extrema de los desafiantes se manifiesta con cada ataque, cada evasión, por un momento parecieran dejar una estela de sombras tras sus movimientos. Saltos precisos y acrobacias exactas. Ambos queriendo terminar de una vez. Violencia perfecta.

Llegó el momento. El rival logra capturar a la espada con ambas manos, y un círculo invisible se expandió alrededor de los guerreros, apartando las hojas y descubriendo el suelo. Por un instante, nuevamente se cruzan sus miradas mientras las hojas no terminan de caer. Y en un movimiento rápido, el rival aprovecha de doblegar los brazos del enemigo y le arrebata la espada y le atraviesa el vientre.

-Victoria impecable.

Dolor. El guerrero ha sido víctima de su propia espada. Ahora encorvado, tratando como puede de contener el enorme daño, el enemigo finalmente queda de rodillas ante el rival. Levanta su mirada y logra ver que el rival se acerca satisfecho por su logro.

-¡He vencido a cincuenta antes que a ti! ¡Esto no significa tu victoria!

-Qué sabes tú de victorias. Solo eres un sirviente. Y afortunadamente para tu vida, no busco destruirte. Aún puedes buscar tu camino y ser dueño de tu destino. Deja tus ataduras. No hay deshonor en tu derrota.

-Tú… Tú no sabes NADA de mí… Yo soy dueño de mis actos, yo elegí el camino que seguí. No pongas a prueba mi lealtad, debes saber que no importa si me derrotas, ellos te cazarán sin importar que tanto te escondas. Y aún ahora, yo estando débil, me levantaré y esta vez tus entrañas serán la víctima de mi filo.

-Valiente, pero terco. No hay gloria después de la muerte. No tienes idea de lo que te espera del otro lado. No tienes ni la menor idea de lo que es el infierno. Y todavía persistes desafiante. ¿De qué vale negarte? A ellos tú no les interesas, te abandonarán como lo hicieron conmigo…Sí, me dejaron morir, me abandonaron sin remordimiento, pero ya no importa. He nacido de nuevo y ya no sirvo a nadie más que a mí. ¡MÍRATE!, ahora yaces casi moribundo y sin alternativa. Solo te enviaron a morir, no eres más que…

-¡BASTA!... No se cómo escapaste del Netherealm, demonio. No me envicies la mente con tus rencores. Tu palabra está corrompida por la maldad… sí, si eres tú. Sobreviste después de todo. Tu pasado acusa tu identidad, sin embargo, me niego a creer en lo que te has convertido. Ahora, un demonio lleno de odio, me hablas de libertad y eres víctima de tu propia ira…. Has sucumbido ante la maldad del Netherealm… has renegado de tu verdadera identidad… ¡¡¡Tú eres Bi Han!!!

El enemigo pierde su quietud y, en un gesto de rabia, toma la empuñadura de la espada y presiona más a fondo dentro del cuerpo de su agonizante hermano, quien apenas contiene un grito de dolor. La sangre fluye imparable desde su cuerpo, rodeándolo en un amplio charco rojo. La espada de hielo Kori no hace diferencia entre su dueño o el enemigo, solo se limita a cumplir con el propósito que fue creada. Dañar y matar.

-Bi Han está muerto. Tú ahora has decidido llevar sus ropas. Algún día entenderás lo que aquí a pasado. Solo cuando mueres puedes alcanzar la libertad…y yo he vencido a la muerte. Tal vez sí puedas sobrevivir a esta, eres un Lin Kuei. Y si lo logras, y si puedes entender el significado de tu destino… ya sabes dónde encontrarme.

Noob Saibot se aleja con paso firme y tranquilo. No hay vencedor ni vencido. Él sabe que Kuai Liang, su hermano, sobrevivirá, sabe que intentará alcanzarlo así sea necesario llegar al mismo Netherealm. Y sí, tal vez, el obscuro guerrero puede caminar siendo un hombre libre, pero por toda libertad, hay un precio muy alto que pagar.

REVELACIONES

Yo sólo era uno más. Otro oficial cumpliendo su deber. Como cualquiera…pero en realidad, no era así. He sido continuamente acosado, noche tras noche, por aterradoras visiones acerca del fin del mundo. Extraños seres extrayendo la vida de los habitantes del planeta…solo una pesadilla más.

Ahora estoy aquí, encubierto, tras la pista de una peligrosa banda de asesinos. Estoy aquí, en su guarida, un viejo edificio abandonado a su suerte, donde ellos realizan un salvaje ritual de iniciación. Un kombate cuyo único desenlace es la sobrevivencia del ganador. Sangre y huesos rotos, el hedor de la muerte te sumerge en un ambiente casi demoníaco, como una penetrante brisa helada te sobrecogiera en algo sobrenatural.

Es mi turno y avanzo. Ingreso por un costado hacia la arena, abriéndome paso entre un público histérico sediento de violencia. Llego a la arena rodeado de un bullicio infernal. Levanto mi mirada y diviso a aquel que llaman líder, reclinado en su trono, cubierto por la sombra que no me deja ver su rostro, pero sé que es él. Su brillo rojo en el ojo lo delata.

Alguien se acerca, un antiguo compañero que cambió de bando. Bastardo traidor. Se dejó crecer el cabello y la barba, y su torso desnudo es atravesado por varias correas cargando dos espadas de gancho en su espalda, las que alza para llamar a mi retador. Entonces aparece frente a mí. Su rubia cabellera lo hace ver muy joven, incluso demasiado para ser un luchador. Desconozco su nombre, pero le dicen “Kobra”, quiere parecer amenazante vestido con su traje de karateka, como salido de algún videojuego, pero no me dejo intimidar.

Y quedamos frente a frente, solo separados por el hombre de las espadas. No tuvimos que esperar mucho para que señalara la partida y empezamos. La multitud estalló eufórica.

-¡¡¡PELEA, PELEA, PELEA!!!

Rápido. Insiste en fuertes y constantes patadas. Tenaz. Me golpea tratando de quebrarme. Me busca frenéticamente intentando encontrar un punto que yo no pueda bloquear. Rápido, tenaz…de qué te sirve si no tienes disciplina. Sus ojos parecen brillar consumido por la ira. Concentrado solo en matar, consigo que se desgaste lo suficiente y contraataco. Dos golpes directos en sus costillas y una patada fuerte para arrojarlo lejos de mí.

Creo que lo conseguí. Herí su orgullo. Desde el suelo me observa con odio. Con rabia. Los espectadores aclaman enérgicos por más. Fue curioso. De pronto sentí que el líder, aquel había sido encomendado a buscar, me miraba con extraña atención, como si recién hubiese entrado al kombate.

Pero no hay tiempo. Mi retador se levanta enfurecido corriendo buscando venganza. Borro mi mente y tenso mis músculos, preparándome para recibir la embestida. En guardia, listo…y sucedió de nuevo.

Esta vez, no era una pesadilla. Esta vez era real.

Como un trueno se escuchó rugir el cielo. Como un violento golpe se sintió mover el suelo. Todos se desconectaron de la batalla y huyeron despavoridos. Miro rápidamente hacia el trono y él ya había desaparecido. Mi objetivo se había escapado.

Entre la descontrolada estampida, trato desesperadamente de buscarlo. En vano. Y entre la gente veo estático a mi rival y me detengo lentamente. Él levanta de a poco su mirada y sonríe irónico, invitándome a seguir peleando. Algo sorprendido, reacciono y lo evito, prosigo mi búsqueda. Sin embargo, no noté que me siguió de todas formas y me alcanzó. Me descuidé y me atacó. Nunca debí darle la espalda.

Fue una buena patada. Lo reconozco. Salí disparado atravesando la pared. Sentía que rápidamente me consumía el terror. Y cuando inevitablemente llegaba a mi fin, sucedió lo imposible.

Me detuve. No puedo creerlo, ¡me detuve! No salgo de mi asombro. Evité la muerte por un par de metros. Unos segundos después, alcanzo definitivamente el suelo sin salir aún de mi asombro. En eso, sin querer vuelvo a mirar desde donde caí y, en la azotea, miro una extraña silueta de ojos brillantes. Creo que me está mirando, talvez él me salvó la vida. Lo veo por unos instantes hasta que un trueno lo hace desaparecer.

Vuelvo como puedo a reportarme. ¿Pero que pasó aquí? ¿Esto es acaso una guerra? Muerte y desolación por doquier. Gente de rodillas tratando de evitar desesperada que su vida se escurra entre sus dedos, como un intangible lucero verde. La ciudad está casi destruida. Está casi muerta.

Sin darme cuenta, me sostiene una fuerte mano de hierro que me detiene en el acto. Veo a un hombre alto de color acompañado de una mujer rubia vestidos con tenida del ejército. Trato de preguntarles qué pasa, trato de obtener respuestas.

Ellos permanecieron callados. Solo el hombre grande de color espera que vuelva en calma y atina a decirme:

-Debes venir con nosotros, Kurtis Striker. Has sido elegido para defender la Tierra…en Mortal Kombat.

CRÓNICAS

No hay conocimiento que no sea poder. Y el conocimiento, a veces, suele venir del dolor. El único camino para aprender, para saber si realmente existimos.

Corría imparable, acero en mano, mutilando todo obstáculo en su camino. Piedra y cadáveres, a cada paso el suelo vibraba cada vez más fuerte al acercarse. Rostro desfigurado, su cuerpo acusa las yagas de cientos de batallas y agresiones, apenas ocultas por lo que queda de su armadura. Estaba confundido, muy desorientado, aún sentí su presencia amenazándome, cercando todo escape. Camino sin saber a dónde, me mantengo de pie con dificultad, solo sé que viene por mí. Quien quiera que sea, pronto lo averiguaré.

-Aquí estoy… ven por mi… ¡¡¡VEN POR MI!!!

A cinco pasos de distancia, se eleva imponente blandiendo su filo en un par de movimientos, para arrojarse en picada contra mi, Corta constante mi cuerpo, mi carne en picadillos salpica salvaje entre la poca sangre que me queda. Esquivo como sea para evitar la mutilación, pero está ansioso de mis entrañas, sediento de mi derrota.

- Solo quiero tu sangre. La sangre de un recién llegado pueder llevarme de nuevo a la vida. Sentí el olor de tu carne fresca, debes ser un recién llegado. ¡Yo quiero MI VIDA de nuevo! ¡¡¡DAME TU VIDA!!!

Demente. Apenas logro entender sus murmullos, solo entiendo sus ansias de rebanarme. Ya me harté de esto. Detengo sus cortes con mis brazos, no pudo cortar mis huesos, y atrapando su espada lo desarmo. Alzo mis puños en un movimiento rápido y golpeo con rabia su cabeza, obligándolo a caer inconsciente contra el suelo. Luego tomo su espada y lo clavo con fuerza, rematándolo con un pisotón en la cabeza… Sentí una extraña satisfacción, un curioso alivio que me llenaba por dentro. Tener el poder de quitar la vida, de ser más fuerte. Mi respiración se agita sin razón, como animal satisfecho de su presa.

Esta extraña sensación me es familiar. Muerte, violencia, destrucción. Mi mente quiere aclarase, busca recordar. Las memorias quieren escapar, y finalmente surge una imagen, un sueño. Una herida que quería borrar y que ahora se abre de nuevo para causarme dolor.

Y la vi de nuevo. Como en un sueño, la volví a ver y mi corazón se detuvo. Su rostro amable de ojos obscuros, su largo cabello negro, ondulado, y su silueta delgada, demasiado perfecta. Vestida simple de negro ceñido y descalza, tranquila, silente, dominando el tiempo y cautivando mi atención, acercándose sin prisa, sabiendo que la esperaría por más de una vida. Como siempre. Al llegar, se quedó un momento quieta frente a mí mirándome sin hablar, no sé si con ternura, no sé si con lástima. Lo único que quería era abrazarla y nunca más dejarla ir.

-No debí dejarte sola… yo no quería…

Ella silenció mis labios con un dedo, entonces, con calma tomó mi rostro entre sus manos. Nunca me había sentido tan expuesto.

-Sabes que no puede ser, estamos demasiado lejos. Nunca me alcanzarás. Nada volverá a ser igual para nosotros, pero debes seguir luchando. Tienes que perdonarte, tienes que regresar. Debes ser fuerte…

-NO SOY TAN FUERTE… no soy… tan fuerte. Cuando te vi tendida, sin alma, sin vida… te extraño. Perdóname.

Retrocedió unos pasos y con la punta de los dedos rozó sus labios, tocó los míos regalándome un frío beso. Y se fue alejando, retrocediendo. En un intento, extendí mi mano para que no se vaya, pero fue inevitable. A lo lejos, ella me miró por última vez y se fue elevando sin prisa. Y mientras, mi enemigo a quien creía derrotado se alzaba a mis espaldas. Rápidamente giré hacia él y lo agarré con ambas manos, lo levanté sobre mí mientras chillaba como loco, no dejaba de moverse. En un solo esfuerzo, en un solo movimiento, lo partí en dos, y su sangre me bañó entero, se fundió sobre mí y me cubrió. Sangre. Sentí que la vida volvía a mi cuerpo de nuevo.

-¡¡¡FATALITY!!!

Entonces tembló por última vez, y el suelo se abrió y caí en el obscuro desconocido.

(Silencio)

Cuando reaccioné, llovía con ganas de diluvio. Era de noche y estaba solo. Supe entonces que estaba de vuelta entre los vivos, pero yo no lo estaba teniendo vida. Me levanté con la sangre amarilla aún adherida a mi cuerpo en simbiosis perfecta. Camino lento hacia un sitio claro y miro al cielo, y lo señalo con puño amenazante en señal de victoria, desafiando a los cielos, mostrándoles que ni siquiera la muerte ha podido derrotarme. Y el rugir de unos truenos fue mi respuesta. Fue cuando todo ocurrió de nuevo...

(Tendidos, desangrados, inertes, miradas perdidas en rostros desfigurados por el pánico (…) el guerrero entró desesperado y se detuvo incrédulo ante macabro hallazgo. Poseído por los nervios, por la ira, lentamente levanta sus temblorosos brazos y sujeta su cabeza aterrado, cayendo pesadamente de rodillas (…) Dolor, ojos llenos de lágrimas. Los desgarradores gritos se escuchaban desde muy lejos (…) Un grito de rabia se le escapa al caer, mientras mira incrédulo todo el hielo a su alrededor (…) Su cabeza y su espina fueron reclamadas por Sub-Zero (…) ¡VENGANZA!)

No pude soportarlo. No de nuevo.

Sobreviví, es cierto, pero he sido derrotado. Caí de rodillas y grité en vano tu nombre; se perdió en la lejanía sin que tú quisieras escuchar. Nunca respondiste. Los Elder Gods negaron el alivio que demandaba y me consume la angustia de la duda. Volví a gritar. Grité como loco de rabia y furia hasta agotar la voz, y las lágrimas que me quedaban se disolvieron mientras me empapaba la lluvia y yo… yo... al final entendí que nadie nota las lágrimas bajo la lluvia.

Todos me han abandonado, todos se han alejado de mí.

Seré un demonio para ocultar mi identidad, para matar al kanalla que alguna vez fui. Mataré todo recuerdo de lo que Hanzo Hasashi fue. Estoy maldito. Desde aquí, y hasta que me destruyan, hasta que consuma mi venganza, solo seré el portador de la desgracia y la miseria, el cegador de almas, el mensajero de la muerte. Solo seré SCORPION.

Y tú, Lin Kuei de hielo, me has arrebatado todo, mi mujer, mi hijo, mi vida. Quiero tu cabeza, QUIERO VERTE ARDER. Muy pronto te encontraré, sabes que lo haré. Volveré al Netherealm si es necesario, acabaré a todos los de tu clan si se precisa. Y cuando te encuentre… ¡¡¡TE DESTRUIRÉ!!!

(A final, ella se perdió a lo lejos. Lentamente se acercaba a los cielos, entre nubes que se apartaban delicadamente de su camino. Con calma se dejó llevar tranquila. Solo volteó una vez una vez, creyó escuchar su nombre en un grito… tan solo es un susurro en su oído. Y se fue).

ARMAGEDÓN

Sus pesadillas no dejan de acosarlo. Le invaden una y otra, y otra, y otra vez. Y de nuevo. No deja de agitar su cabeza con violencia, mientras su cuerpo lucha por aguantar el dolor.

-“Tus pecados te alcanzarán…”

La respiración se hace incontrolable y sus latidos se agitan peligrosamente.

-“No esperaba tu traición…

Rabia, impotencia, dolor. Su cuerpo yace desnudo y su espalda desangrándose, olvidado en la obscuridad más profunda. El insano tormento y sufrimiento superan su resistencia y la mente se quiebra, sucumbiendo finalmente en la locura.

-“¡¡¡NUNCAAA!!!

Queda en silencio, esforzándose por mantenerse consciente, pero pierde nuevamente en el pasado, que lo asedia una vez más. Recuerdos, lo único que le queda…

El cielo rojizo es oculto por obscuras nubes que avanzaban, lentas y amenazantes en un espiral gigante, mientras que unos relámpagos intermitentes surcan intermitentes. Bajo el cielo, aceros y lanzas se alzan como estandartes por guerreros cubiertos de negras armaduras, que avanzan contra el enemigo provocando que el suelo tiemble a su paso. Más que una guerra, una masacre. Los lamentos de los guerreros caídos se pierden silenciados por espadas y gritos de batalla. Y entre ellos, un poderoso General de temida reputación y ascendencia divina, lucha furioso guiando a su ejército en nombre de su dios. Notable como soldado, cada campaña que dirigía terminaba en una victoria segura. Este día, el General combate como nunca antes lo ha hecho, el enemigo a vencer así lo requiere.

La batalla es larga y extenuante. Los Elder Gods, entonces, han determinado que esto termina hoy, él DEBE ser detenido. Sin embargo, no advirtieron que su determinación también condenará para siempre el destino de muchos.

A pesar del tiempo y las bajas, el General ha ordenado no ceder hasta que no quede enemigo de pie. Sobre cadáveres y miembros mutilados, sus ejércitos avanzan sin descanso. Aún no podía definirse un bando ganador. A estas alturas, no quedaban vencedores ni vencidos, solo sobrevivientes.

Mientras, a varios metros de ahí, pero en el cielo, dos poderosos adversarios se enfrentan en Mortal Kombat para decidir el destino del Reino de la Tierra… o lo que quede cuando termine la guerra. Sus golpes remecían los cielos separando las nubes; la colisión de sus poderes, aún más. Incansables, ninguno baja la guardia, buscando la forma de vencer al rival, bajo la atenta mirada de los Elder Gods, que esperaban impacientes el desenlace del enfrentamiento.

-¿Por qué te vuelves en mi contra? ¿Qué te han ofrecido los Elder Gods que no pueda ofrecerte yo? Me temen, no me doblegaré ante ellos. Controlaré mi destino, tengo el poder para hacerlo. Únete a mí y los destruiremos, únete a mí y este reino será tuyo. Únete a mí, hijo mío… y serás dios.

-No puedo, no existirá realidad si tú no detienes esta guerra. Debe haber un balance, nuestra misión es protegerlo. Tienes el poder para detener esto, eres un dios. No continúes, al final, tus pecados te alcanzarán.

-No me esperaba tu traición…no importa. Yo te creé… y también puedo DESTRUIRTE.

-Que así sea… padre.

Entonces, entendiendo el dios que su enfrentamiento no será decidido por el nivel de su técnica, sino por la superioridad de su poder, pronunció un conjuro en dialecto antiguo. Ubica sus manos frente a su medallón, de oro con una gema incrustada en el centro, y comenzó a absorber el alma de su enemigo. Éste se esforzaba en evitarlo, pero la fuerza del extraño medallón se volvía, cada vez, más poderosa. El dios rió demencialmente, asumiendo que su victoria ya estaba consumada.

Sin embargo, la determinación del guerrero puede más. Sabe que mucho depende de su victoria, todo un reino y la misma realidad. Entendió que debía anular su fuente de poder, aquel extraño medallón. Estiró sus brazos e invocó al cielo, y las nubes le entregaron los relámpagos. Una vez que se cargó lo suficiente, justo cuando su alma estaba por abandonarlo, se abalanzó contra el Elder God y liberó con violencia toda la energía que había acumulado. El rostro del Elder God se desfiguró en una desesperada mueca

-¡¡¡¿Raiden???!!!... ¡¡¡Noooooooooooooooo!!!

Fue cuando un poderoso estruendo remeció todo alrededor, y la onda expansiva sacudió de golpe el suelo, tanto que hasta el mismísimo General tuvo que levantar su mirada y presenciar el origen. Observa un momento, pensativo. En ese instante, sus estrategias de batalla fueron reemplazadas por una única, pero preocupante duda…

-Padre…

El cielo calmó su ira, haces de luces atraviesan las ahora quietas nubes y, poco a poco, el silencio apagó los ecos de la guerra. Shinnok finalmente fue derrotado por el guerrero que él mismo creó para que kombatiera a su lado. El Elder God cae ante la atenta mirada de su General. Éste sube rápidamente a un sitio más alto y contempla la caída del dios, su padre. Se retira su casco y lo deja caer, mientras se cuestiona el proceder de los Elder Gods. ” ¿Es que, acaso, este es el castigo de todos aquellos que intenten tomar el control de su propio destino? ¿Acaso sienten temor de que alguien más capaz que ellos pueda surgir, alguien que sea capaz de arrebatarles el poder de controlar los reinos?”

Raiden, aún en lo alto, sus ropas desgarradas y su cuerpo cansado, también obseva la caída de Shinnok derrotado, empuñado con firmeza el medallón que le arrebató. Y a la distancia, alcanza a distinguir al General. Con sus últimas palabras sentenció el destino de ambos para siempre.

-Hoy he perdido un hermano…

Lo que no sabe es que sus destinos se volverán a enfrentar, y muchos morirán cuando suceda.

Y en cuanto al General, esa fue la última vez que se supo de él. Unos dicen que murió ese mismo día; otros, que ascendió a los cielos a vengar la derrota de su padre. Solo unos pocos sabemos que se exilió en un reino maldito y se volvería conquistador de reinos, al frente del imperio más poderoso que la historia haya conocido.

Raiden fue generosamente premiado por los Elder Gods por sus notables servicios. Desde ese día fue nombrado dios del trueno y protector del Reino de La Tierra. También le fue encomendada la misión de proteger el Amuleto de los Elementos, lejos del alcance de cualquiera que intente recuperarlo. Mientras, Shinnok, el ahora caído Elder God, su padre, es llevado ante el tribunal para recibir el castigo de sus pecados.

-Es por nuestra voluntad, que como tus actos casi provocan la destrucción de todo un reino, serás condenado a vivir el resto de tu existencia en las profundidades del Abismo de Lucifer, en Netherealm.

-¡¡¡NUNCAAA!!!

Sus gritos emergen desde las profundidades del abismo, un temible eco que asusta a cada creatura cercana. Su cuerpo yace encadenado contra una pesada cruz de hierro, una reja con puntas, como una cama de clavos, sostenida por una estatua gigante de un condenado. Su sangre negra recorría los intrincados e infinitos surcos grabados en el suelo, escapando de su cuerpo, así como lo que le va quedando de vida.

Y desde entonces, Shinnok permanece aquí, condenado, desangrándose. Justo aquí, frente a mí, donde también mi búsqueda ha terminado. Me acerco a él revelando mi presencia. Apenas puede calmarse unos instantes para distinguirme.

-¿Quién… qué eres tú… demonio?

-Soy alguien que aún cree en tu divinidad. No hay deshonor en enfrentar a aquellos que quieren controlar tu destino. He venido a ofrecerte mi lealtad como una muestra de buena fe. Dame poder para vengar tu nombre, hazme poderoso a tu diestra y te devolveré lo que te fue injustamente arrebatado. Dame poder, y yo te haré LIBRE

Sé que siente desconfianza, pero el dios caído, en su eterna agonía, entiende que no tiene más alternativa, y quizás nunca tendrá otra. Finalmente, accede ante mi generosa oferta.

Me concentro y preparo la invocación. Las cadenas cesaron en sus ataduras y cayeron, el lastimado cuerpo es removido con cuidado desde la cruz. Luego, mientras lentamente desciende, sus músculos se regeneran y sus articulaciones crujen para recuperar su antigua movilidad. El hechizo requiere de mucha energía y quedo extenuado, cayendo de rodillas. Descanso por un instante antes de levantarme, pero Shinnok ya estaba a un paso frente a mí.

-Haz jurado lealtad a Shinnok, tu dios, puedes levantarte. Tengo una misión para ti: Necesito que recuperes algo, es la más poderosa arma en contra de los Elder Gods. Busca el Amuleto de los Elementos y tráelo a su verdadero maestro. Cumple tu misión y serás recompensado.

Sus órdenes se silencias por firmes vibraciones remeciendo el suelo, son los pasos de Belokk, su custodio y dueño del Netherealm quien se acerca. Mientras Shinnok se prepara para enfrentarlo y arrebatarle su reino, sin palabras, acepto su mandato y viajo en busca del Amuleto, Sin embargo, es un arma demasiado poderosa para él. Regreso al Earthrealm, mientras busco la forma de tener el arma sin que él se dé cuenta…

RebelionEditar sección

Es el segundo fan fiction del autor y el primero continuo. Así como MK:BattleMode, también tuvo varios cambios de nombre antes de llamarse definitivamente Rebelión. Fue publicado en dos temporadas: la primera entre Mayo 9 y 25 del 2010; y la segunda entre Octubre 8 y 19 del mismo año, quedando ésta última temporada incompleta. Posteriormente, una nueva versión re editada se publica desde Enero 21 del 2012.

VideotekaEditar sección

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