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Mortal Kombat

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Rebelión

Un saludo a todos en la Wikia.

Como apoyo al kamarada Cryomancer, para que consiga inspiración y no pierda la motivación de seguir escribiendo, nuevamente publicaré un fan fiction en MK Inferno, aún sabiendo que serán muy pocos los que lean y comenten... si es que lo leeen claro.

Hubo una época en que casi se logró masificar el fan fic, pero por diversas razones el tema murió. Hoy quiero intentarlo de nuevo. Traigo para los que lean una re-edición de un antiguo trabajo, mi primer fic continuo (MK: BattleMode eran capítulos independientes), un relato que cuenta una historia alternativa post-Armageddon.

Dedicado con mucho respeto a los caídos de la Wikia, donde quiera que estén.

Empecemos.

REBELIONEditar sección

Voces gritando eufóricas, potentes, exaltadas exigiendo violencia y muerte. Mortal Kombat. Nada, nada puede prepararte para esto.

El shokan ruge enloquecido agitando sus brazos, ante centenares de soldados que avivan la batalla final, celebrando una victoria anticipada, proclamando al triunfador. ¡GORO! ¡GORO! ¡GORO! Shang Tsung sonríe complacido, también disfrutando del éxito, observando desde una alta tribuna en la Arena de Batalla. A espaldas de mi enemigo, me niego a la derrota y me levanto presuroso para intentarlo otra vez. Aunque sea la última vez. El hechicero alcanza a advertirle a su discípulo, y éste se voltea recibiéndome con varios golpes, rápidos para ser tan grande, que alcanzo por poco a esquivar.

Pronto advierto la proximidad de estatua gigante que sostiene una pesada cruz de acero, llena de púas. Es mi oportunidad. Motivado, concentrado, trato de llevarlo hasta la estatua. A tres pasos de distancia, lo sorprendo con un uppercut, un poco de sangre y dientes escapan de su boca, retrocede un poco y con una patada con giro en el aire logro clavarlo en la cruz de acero.

Estoy cansado, pero lo conseguí. Un molesto Tsung se levanta de su lugar, por primera vez siente que su campeón puede perder y no permitirá que eso pase. Su existencia depende ello.

-¡¡¡ACÁBALO!!!

Goro empuña sus manos, crujen los nudillos y tensa los músculos. ¡Maldición!, se desclava de la cruz. Primero la nuca, luego un brazo, después los otros, hasta que escapó. La espalda sangrante y el fuerte dolor llenaron de rabia suficiente al shokan como para soportarlo y seguir batallando. Me adelanto para acercarme, me elevo unos metros y ataco con un fuerte golpe mientras aún está resentido.

Mi puño se encontró con el pecho de Goro, la fuerza del impacto se expande fracturando el suelo, fisurándolo en varias grietas de donde, segundos después, se desprenden infinitos trozos, pero no consigo siquiera perturbarlo. Me captura con sus dos brazos inferiores, y con los superiores comienza a golpearme repetidamente, cada vez más rápido, hasta azotarme contra el piso.

Estoy acabado, casi enterrado, tosiendo y escupiendo sangre, costillas y unas cuantas vértebras rotas. Un rugido fiero del shokan advierte que no debo levantarme. El hechicero desciende desde su tribuna, brazos extendidos y manos abiertas, pretendiendo divinidad. Toca el suelo ligero y se acerca confiado, con la certeza de que he caído definitivamente.

-¿Dónde está tu dios ahora? ¿Tanta es tu fe que aún crees que vendrá a salvar tu alma? ¡Mira a tu alrededor! No hay truenos en el cielo, solo mi voz y tu agonía respirando apenas. Acéptalo, Kung Lao, el Raijn te ha abandonado.

-Traidor…

-¿Traidor? No te equivoques, no soy yo quien te ha traicionado. Tu alma es MÍA.

Solo bastó un movimiento de sus manos. Me elevo un poco y tiemblo, convulsionado, saliva escapa de mi boca, mis miembros se endurecen. Desesperación. Mi cabello se cae, la piel cede, mi rostro pierde forma. Me ahogo… quiero gritar… y todo se vuelve obscuro.

-¡¡¡RAIDEEEEEEN!!!

(Silencio)

Abre los ojos. De repente. El dios del trueno consigue reaccionar solo para presenciar el fracaso de sus esfuerzos. Miseria, decadencia, Armagedón. Mortal Kombat escribió con sangre el destino de los reinos, corrompió almas con promesas de poder y vida eterna, destruyó sus vidas y al final, la batalla definitiva contra el demonio de fuego debía recuperar el balance… qué equivocados estábamos. El Armagedón solo trajo la obscuridad y la noche eterna, el caos y la lluvia, el viento frío. Y así, sumidos en el caos, el Netherealm reclamó las últimas almas que aún sobrevivan.

Y bajo esta insistente lluvia, Taven, el hijo de Argus, consiguió derrotar a Blaze y obtuvo el premio. En sus manos está el poder para desarmar a los guerreros o destruirlos a todos. Sin embargo no pudo dejar atrás lo que sacrificó para llegar ahí. Él consideró que la muerte de sus padres, la locura de su hermano y la caída de su reino eran un precio injusto solo por resguardar el status de los Elder Gods y toda La Creación. Entonces demandó explicaciones, justicia para sus caídos, y la única respuesta fueron los truenos entre las monótonas nubes del cielo. Solo Raiden se atrevió a responderle

-Para cumplir tu propósito el sacrificio es necesario, debes recuperar el balance entre los reinos. Solo el propósito importa, es la voluntad de los Elder Gods…

-¿También es la voluntad de los dioses perder a mi reino, a mi familia? ¡Tú eres el dios del trueno! ¡¿Qué hiciste por evitar el Armagedón?!

-No hay victoria sin sacrificio. Lo siento, Taven.

-¿Lo sientes? No… ¡Aún no has sentido NADA!

Taven ataca a Raiden, derrotándolo en un corto kombate con poco esfuerzo, y el hijo de Argus desafía a los Elder Gods con sus nuevos poderes adquiridos. Pero los dioses le negaron a sus intenciones, y al instante un relámpago fulminante cae en un potente impacto, que destruye parte de la cima de la Pirámide. El dios del trueno apenas puede ver entre el desastre, y rato después, cuando se disipó la nube de polvo, consigue ver a una silueta levantarse con dificultad. Contra toda posibilidad, ante la mirada incrédula de Raiden, Taven sobrevivió al poderoso ataque.

El Armagedón queda inconcluso, su propósito no fue concretado, aún los reinos quedaron al borde de la destrucción. Taven volvió a refugiarse en lo que queda de Edenia, y desde ese día su rencor maldijo a los Elder Gods con guerra. Una guerra a la que él mismo llamó REBELIÓN.

CAPITULO UNO

Ha pasado tiempo desde el Armagedón. Seido y Chaosrealm fueron destruidos, pero Edenia consiguió sobrevivir. El castillo se levanta de nuevo con el trabajo de los habitantes que quedan, y solitaria en un rincón Kitana recuerda en silencio a su madre Sindel, a quien perdió también en kombate, conteniendo con amargura la pena. Taven se ofreció a ayudarla y con el tiempo se convirtió líder. Ambos, durante años de sacrificio y trabajo, lograron salvar el reino. Fue así él se ganó el respeto de la gente y también ganó, de poco, el corazón de la princesa.

Entonces, junto con la ahora Reina Kitana, Taven fue aclamado como el nuevo Gobernante de Edenia.

El Salón del Trono, la habitación más grande del castillo del reino. Unos peldaños largos adornados con velas llevan al trono escoltado por dos dragones de oro. A sus espaldas, con amplios telones rojos a ambos lados, un grabado de un guerrero atravesando el cuerpo de un dragón. A la izquierda del trono, una estatua de Argus sujetando con ambas manos una espada, y a la diestra una de Delia sujetando una vasija. Aquí estaban reunidos Taven y una de las pocas guerreras sobrevivientes, Jade.

-Espero que no estés aquí para cuestionarme… otra vez. ¿Cuántas veces debo decirte que estoy buscando la solución? Por favor, Jade, no puedes ser tan insistente.

-Lo sé, pero las desapariciones continúan y la gente comienza a preocuparse. Y ellos te van a cuestionar. Aparta tu orgullo, Taven, no hay razón para estar en conflicto con los Elder Gods. Habla con Raiden.

-No hablaré con nadie. Ellos me enfrentaron contra mi hermano en su Mortal Kombat, perdí a mi familia y no han hecho nada por ayudar a recuperar Edenia. ¿Qué te hace pensar que nos ayudarán ahora? Kitana restauró este reino ella sola, yo estuve siempre apoyándola. Tú, que te dices su ”amiga”, deberías hacer lo mismo. Edenia también es tu reino.

-No te atrevas a cuestionar mi lealtad con Kitana, o con Edenia. He kombatido a su lado y por el reino mucho antes de que aparecieras, mientras dormías plácidamente protegido por Orin. Kitana pasó por lo mismo que tú y, sin embargo, nunca perdió ni la fe ni la esperanza. Los Elder Gods te dieron la oportunidad de revertir el Armageddon… y la rechazaste.

En un acto de ira, Taven arranca la espada de la estatua de Argus y la decapita, volviéndose con violencia contra Jade.

-VETE CON ELLOS, ENTONCES. ¡Edenia nunca más se someterá a dios o a invasor! Yo haré que sus cabezas rueden ante mis pies y todos nosotros seremos libres.

Ambos se quedan mirando fijo por unos instantes, cuando en ese momento son interrumpidos por un guardia que alista su arma al instante, preparado ante cualquier situación. Ella siente la impotencia superarla, dejándola sin palabras, convenciéndose de que ésta no es más que otra conversación inútil.

-No estamos en guerra, Taven.

Jade abandona furiosa el Salón del Trono con paso presuroso, dejando a Taven junto al guardia. El hijo de Argus mira la espada y, finalmente, la deja caer.

-¿Todo bien, señor?

-Sí… todo bien, puedes bajar tu arma. ¿Dónde está tu Reina?

-En el Jardín de Piedra, toda la tarde.

-Gracias, puedes retirarte.

Rápidamente el guardia regresa a su posición, mientras Taven se dirige al trono y se sienta pensativo.

-“Solo vas ahí para entrenar. ¿Qué te tiene tan inquieta?”

En el Jardín de Piedra ya se nota la cercanía del Otoño. La caída eterna de las hojas secas, infinitas, de los árboles negros cubriendo un suelo aún lleno de primavera. Ajena, lejana, introvertida, Kitana olvida mientras entrena junto a la tranquila soledad de las estatuas que le rodean. Desde siempre mostró habilidad con el filo del acero. Con cada golpe cortaba el aire que apenas rozaba su largo cabello, mientras que el sol radiante dibuja tardío la sombra de sus rápidos movimientos. Inalcanzable, para muchos era un deleite tan solo verla, para varios un deseo ganar sus favores. Y aunque pueda ser indiferente a todos ellos, su corazón quizás no lo sea tanto.

Taven, a prudente distancia, la observa con curiosidad y decide acercarse. Despreocupado ante, quizás, algún corte “involuntario”, camina confiado sabiendo que no necesitará defenderse. A dos pasos, solo la extrema cercanía de la punta de la espada a su garganta detiene su caminar. En ese instante cruzaron miradas y así permanecieron un momento.

-¿Acaso los guardias no son suficientes que te refugias tan seguido en tu espada?

-Quizás los guardias no sean suficientes para protegerte de MI espada…

Ella sonrió con mirada cautivante y bajó su arma lenta a la altura del corazón del hijo de Argus.

-… pero tengo todo el refugio que necesito.

Él solo esboza una sonrisa, anticipándose a las intenciones de la Reina.

-Sabes que mi prioridad es Edenia, ya tendremos tiempo para cuestiones personales. Baja tu acero y dime por qué frecuentas tanto el Jardín en estos días.

-Es el cielo, se ve diferente. Se respira humedad en la brisa. Creo que viene el Invierno

-¿El Invierno? ¿Otra vez Jade influenciándote con necedades? Tan solo es el Otoño y su llovizna nocturna, esos atardeceres largos que tanto te gustan. No deberías escucharla, mira a tu alrededor y contempla lo que has logrado. Edenia está viva otra vez. Gracias a ti.

-Te lo agradezco también, pero no puedo pasar por alto el problema de las desapariciones. Seria una negligencia de mi parte. Como Reina no puedo defraudar a mi pueblo, ni a la memoria de mis padres. Por favor, Taven, déjame hablar con Raiden.

-Está bien, habla con él. Sin embargo, no dejes que sus palabras o las de Jade envicien lo que has conseguido. Como tú, quiero lo mejor para Edenia, lo hago por el reino, por nosotros. Te doy mi palabra de que no hay Invierno que amenace tu sueño.

Ella no se convence, pero sus latidos pueden más que cualquier razón. Sus palabras son la única razón que necesita escuchar. Kitana deja de lado su espada, mientras sostiene con ambas manos las de Taven.

-Lo sé, solo dame a mi también la oportunidad de demostrártelo

Aunque Taven permaneció esquivo, Kitana logra conseguir sus labios y robarle un beso. Más tarde ellos se encontraron en la intimidad. Ella le cantaba una dulce melodía al oído mientras se perdían entre sueños de libertad. La ilusión consumaba sus instintos y un “te quiero” les acercaba todavía más. Y al final, cuando se acallaron los anhelos y sus ojos se reconciliaron, con ternura ella roza los labios de Taven con la punta de los dedos.

Kitana cierra sus ojos entregándose a un sueño profundo, mientras Taven se levanta sigiloso hacia una habitación contigua, donde se encuentra con un solitario personaje, quien lo espera paciente. El desconocido habla con preocupación.

-El Raijin no debe venir a Edenia. No permitas que Kitana le hable, podrían descubrirnos.

-Yo me ocuparé de eso, tú asegúrate de cumplir tu parte.

-Todavía faltan almas para realizar la Invocación, pero la guerra es un hecho. Los Elder Gods están sentenciados y al final solo habrá un único dios. YO seré ese dios.

-Bien, conversaremos mañana. Debo preparar todo, nada debe comprometer nuestra guerra.

Taven regresa a su habitación, evitando ser descubierto, mientras que el desconocido mira hacia lo alto empuñando su mano.

-Esta guerra, MI guerra… Rebelión. Recién comienza.





Es todo por ahora... seeeh, es demasiado largo, solo lo es por la introducción, el resto será tamaño razonable. No sé con qué tanta frecuencia pueda publicar cada capítulo, pero haré lo que pueda. Son nueve en total, pero trataré que sean menos (por tiempo y factibilidad de internet). En fin, espero que les guste.

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